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La RSCE exige normas homogéneas para viajar con perros en el transporte público en España

normas más claras para viajar con perros en el transporte público en España
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En el marco de la conmemoración de la Semana Europea de la Movilidad, la Real Sociedad Canina de España (RSCE) ha puesto sobre la mesa uno de los debates más urgentes y cotidianos para millones de ciudadanos: la necesidad imperiosa de que las administraciones públicas y los diferentes operadores de transporte avancen hacia la creación de normativas mucho más claras, homogéneas, predecibles y accesibles para viajar en compañía de animales de compañía, reduciendo de este modo el abismo regulatorio que existe actualmente tanto entre municipios como entre los distintos medios de transporte colectivo.

El contexto demográfico y social que avala esta petición es innegable. En la actualidad, en España conviven nada menos que 7,5 millones de perros, según los datos oficiales aportados por el Ministerio de Derechos Sociales. Esta cifra evidencia que los animales de compañía forman parte estructural de los núcleos familiares modernos. Por consiguiente, la RSCE argumenta con firmeza que cualquier estrategia orientada a fomentar una movilidad urbana e interurbana más sostenible, inclusiva y accesible debe contemplar de manera ineludible las necesidades reales de los propietarios que día a día se desplazan junto a sus canes, integrándolos de forma natural en las redes de transporte colectivo para reducir la dependencia del vehículo privado.

Un laberinto normativo entre ciudades y operadores

Actualmente, el escenario al que se enfrentan los dueños de mascotas en España se asemeja a una auténtica carrera de obstáculos o una gymkhana burocrática. Las condiciones de acceso, las restricciones de peso, las exigencias en cuanto al uso obligatorio del transportín, la correa o el bozal, e incluso los límites horarios varían de forma radical y desconcertante en función de la ciudad en la que uno se encuentre, el operador que gestione el servicio o el medio de transporte elegido.

Desde la Real Sociedad Canina de España se matiza con claridad que no se persigue una uniformidad rígida e inflexible que obligue a todos los municipios o redes de transporte a aplicar exactamente el mismo reglamento al pie de la letra. Es perfectamente comprensible que las peculiaridades técnicas, operativas o de aforo de cada servicio puedan justificar exigencias puntuales orientadas a garantizar la máxima seguridad, las condiciones óptimas de higiene o la comodidad de los pasajeros. Sin embargo, la organización subraya que es absolutamente necesario fijar unos estándares mínimos comunes. Estos criterios deben simplificar aspectos tan cotidianos como el uso de los elementos de sujeción e higiene (transportín, correa y bozal), acotar los umbrales de peso y clarificar de una vez por todas las franjas horarias permitidas.

Para ilustrar esta compleja y fragmentada realidad, la RSCE pone el foco en las profundas discrepancias que coexisten en el territorio nacional. Por un lado, redes de metro tan importantes como las de Madrid y Barcelona contemplan la admisión de perros de cualquier tamaño siempre que se cumplan determinadas pautas de seguridad; no obstante, si el ciudadano decide trasladarse en los autobuses urbanos de estas mismas metrópolis, las restricciones se endurecen de manera notable.

En otras ciudades como Valencia o Málaga, los reglamentos imponen límites de peso muy estrictos para aquellos canes que viajan en el interior de un transportín dentro de los autobuses urbanos, contrastando fuertemente con sistemas ferroviarios o tranviarios locales que operan bajo normativas mucho menos restrictivas y más abiertas a la ciudadanía.

El ejemplo más evidente de este galimatías normativo se observa en Zaragoza. En la capital maña, el servicio de autobús urbano limita drásticamente el acceso exclusivamente a perros que no superen los 10 kilos de peso y que viajen obligatoriamente en su respectivo transportín. En cambio, el tranvía de la misma ciudad adopta un enfoque integrador mucho más avanzado, permitiendo el acceso a perros de mayor tamaño siempre que vayan debidamente sujetos con correa y equipados con su correspondiente bozal.

En el ámbito de los desplazamientos de media y larga distancia, el panorama también ofrece contrastes notables. Operadores como Renfe han dado pasos importantes al permitir, en determinadas rutas y servicios comerciales específicos operados por AVE, Avlo, Alvia, Intercity, Euromed y Avant, que los perros de hasta 40 kilos de peso puedan viajar sin la necesidad de un transportín, acompañando directamente a sus responsables bajo condiciones controladas. No obstante, la disparidad sigue siendo la nota predominante a escala local y autonómica.

El modelo de referencia internacional: El caso de Londres

Aunque el continente europeo carece de un modelo único o estandarizado que se aplique de idéntica manera en todos los países, existen referentes internacionales de gran éxito que demuestran que una integración armónica es perfectamente viable. La ciudad de Londres se erige como un claro espejo donde mirar.

En la capital británica, la red de Transport for London ha implementado un sistema modélico basado en criterios extraordinariamente sencillos, coherentes y comunes para toda su red. Los ciudadanos tienen permitido viajar con sus perros de manera totalmente gratuita a lo largo de todo el sistema de transporte público, lo que incluye el metro (Underground), la red de autobuses, los tranvías y los servicios ferroviarios suburbanos. La única condición fundamental es que los animales permanezcan en todo momento bajo el control estricto de sus responsables y debidamente sujetos con correa.

Las limitaciones y restricciones en el modelo londinense se centran exclusivamente en cuestiones elementales de seguridad pública y convivencia ciudadana, tales como evitar que los animales ocupen los asientos destinados a los pasajeros o restringir el uso de las escaleras mecánicas cuando estas puedan entrañar un riesgo físico para las almohadillas o la integridad del animal, aconsejando en esos casos el uso de ascensores o escaleras convencionales.

La voz del sector: Hacia una movilidad verdaderamente inclusiva

En relación con esta problemática, José Miguel Doval, presidente de la Real Sociedad Canina de España, ha querido manifestar con rotundidad la postura de la organización: «Este tipo de experiencias demuestra que viajar con un perro no debería convertirse en una gymkhana de normas distintas según la ciudad o el medio de transporte. Con criterios más coherentes y fáciles de entender, el transporte público puede ser una opción mucho más sencilla y una alternativa real al vehículo privado para miles de familias».

La reivindicación lanzada por la RSCE durante esta Semana Europea de la Movilidad trasciende la mera comodidad particular. Se trata de un llamamiento estratégico hacia la modernización de las infraestructuras urbanas. En un momento histórico en el que las grandes urbes claman por reducir la contaminación ambiental, descongestionar el tráfico rodado y apostar decididamente por la movilidad sostenible, dejar al margen a los hogares con animales de compañía supone un freno innecesario.

Homogeneizar las reglas del juego no solo beneficiará a los 7,5 millones de propietarios de perros en España, sino que dotará a los operadores de transporte de marcos jurídicos más seguros, predecibles y adaptados a las demandas de la sociedad del siglo XXI. La pelota está ahora en el tejado de las administraciones locales y autonómicas, cuya respuesta determinará si España avanza de manera firme hacia una verdadera movilidad urbana universal e integradora.

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