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Cómo proteger a tu perro del calor y la leishmaniosis

Golpes de calor y leishmaniosis
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Con la llegada del buen tiempo, a todos nos apetece pasar más tiempo al aire libre con nuestros mejores amigos de cuatro patas. Ya sea una escapada al campo, un día de playa o un paseo por el parque, el verano es la época perfecta para disfrutar juntos. Sin embargo, las altas temperaturas y el cambio climático también traen consigo graves riesgos para la salud de los perros que no debemos ignorar.

A diferencia de nosotros, los perros tienen mecanismos muy limitados para regular su temperatura: solo lo hacen a través del jadeo y de las glándulas sudoríparas de sus almohadillas. Por ello, son extremadamente vulnerables al calor extremo.

El temido golpe de calor y el peligro del asfalto

Carla Mena, veterinaria colaboradora de la compañía de seguros de mascotas Santévet, advierte que el principal peligro veraniego es el golpe de calor. Esta urgencia veterinaria ocurre cuando la temperatura corporal del perro supera los 41°C, lo que puede provocar un fallo multiorgánico en cuestión de minutos.

Además, la experta nos recuerda que debemos tener muchísimo cuidado con los paseos urbanos:

«El asfalto absorbe y retiene el calor de forma alarmante y puede provocar graves quemaduras en las almohadillas».

¿Qué hacer ante un golpe de calor?

Si detectas un jadeo excesivo, postración (se tumba y no puede levantarse), saliva muy espesa, encías azuladas o dificultad para respirar, debes actuar de inmediato antes de correr al veterinario:

  • Enfría gradualmente: Lleva al perro a un lugar a la sombra y fresco.
  • Usa agua templada: Moja su cuerpo con agua fresca o templada (nunca helada ni con hielo, ya que provocaría una vasoconstricción peligrosa).
  • No lo obligues a beber: Ofrécele agua fresca, pero nunca le fuerces a beber si está semiinconsciente.

La leishmaniosis: una amenaza que se alarga por el calor

El verano y la humedad no solo traen calor, sino también una proliferación masiva de parásitos como pulgas, garrapatas y, el más peligroso de todos, el flebótomo, el insecto transmisor de la leishmaniosis.

La leishmaniosis es una enfermedad parasitaria grave, crónica y que puede llegar a ser mortal para los perros. Debido al aumento de las temperaturas medias nocturnas, la actividad del flebótomo se ha extendido y la época de riesgo alcanza en la actualidad hasta bien entrado el otoño. En España, debido a su clima mediterráneo, existen zonas de riesgo extremo (como la cuenca mediterránea, el centro peninsular y Andalucía), aunque el cambio climático está expandiendo el parásito hacia el norte del país, donde antes era casi inexistente.

Los síntomas invisibles

Como detalla la información de veterinarios consultados, el periodo de incubación puede durar meses. Los síntomas son muy variados y no específicos, destacando:

  • Lesiones en la piel (descamación, úlceras, heridas que no curan).
  • Pérdida de peso inexplicable y atrofia muscular.
  • Sangrado nasal (epistaxis).
  • Crecimiento anormal de las uñas (onicogrifosis).
  • Problemas renales internos (que a menudo se manifiestan cuando la enfermedad ya está avanzada).

En este sentido, la veterinaria Carla Mena insiste en que, ante una enfermedad tan compleja, «la prevención siempre va a ser nuestra mejor medicina». Para mantener a salvo a tu perro, se recomienda combinar la doble protección: el uso de collares repelentes específicos y pipetas antiparasitarias (para evitar la picadura), junto con la vacunación anual o jarabes inmunoestimulantes recomendados por el veterinario (para preparar su sistema inmune si el mosquito llega a picarle).

Consejos prácticos para un verano seguro

Para que las vacaciones no se conviertan en un susto, integra estos hábitos en vuestra rutina diaria:

  • Evita las horas centrales del día: No saques a pasear a tu perro durante las horas (12:00-17:00) de máxima temperatura, ni en el amanecer o el anochecer cerca de zonas húmedas, que es cuando el flebótomo está más activo.
  • Revisión post-paseo: Al volver a casa, revisa minuciosamente sus patas, orejas y pelaje para asegurarte de que no se le haya clavado ninguna espiga ni tenga parásitos.
  • Aprende a leer su comportamiento: Si se rasca intensamente las orejas o se lame las patas compulsivamente, podría tener una espiga incrustada, dermatitis o una picadura de insecto.
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