
En un sistema judicial donde las multas y las breves estancias en prisión suelen ser la norma, el juez Michael Cicconetti ha decidido romper el molde. Famoso por su enfoque de «justicia poética», este magistrado de Ohio se ha convertido en el azote de quienes descuidan o abusan de los animales, imponiendo sentencias que buscan algo más que castigar: buscan generar empatía a través del propio sufrimiento.
Amante de los perros desde su infancia, Cicconetti sostiene que las sanciones económicas no bastan para corregir conductas crueles. Por ello, utiliza su estrado para diseñar experiencias que obligan al infractor a ponerse en la piel (o el pelaje) de la víctima.
La hemeroteca del tribunal de Cicconetti guarda casos que rozan lo cinematográfico por su carga moral:
Aunque sus detractores puedan ver estos castigos como poco ortodoxos, las cifras respaldan al magistrado. Mientras que el promedio nacional de reincidencia en delitos menores en Estados Unidos ronda el 75%, en el tribunal de Cicconetti la tasa cae drásticamente hasta apenas un 10%.
«Si les haces sentir lo mismo que sufrió el animal, es mucho más probable que no vuelvan a hacerlo jamás», afirma el juez con firmeza.
Cicconetti no solo se queda en la sentencia creativa; su visión a largo plazo incluye la educación obligatoria. Propone que los maltratadores asistan a cursos de cuidado responsable, comparándolo con los programas de rehabilitación para conductores bajo los efectos del alcohol.
Además, el juez lidera una propuesta para crear un registro público de abusadores de animales, similar al de delincuentes sexuales. Esta herramienta permitiría a refugios y tiendas de mascotas verificar antecedentes antes de entregar un animal en adopción, cerrando así el círculo de protección para los más indefensos.
