
En una residencia de mayores de Zaragoza, las rutinas cambian por completo cada vez que Frida entra por la puerta. Esta perra de intervención asistida se ha convertido en una pieza clave para combatir la soledad no deseada y mejorar el bienestar emocional, cognitivo y físico de los residentes.
La presencia de animales en terapias geriátricas no es nueva, pero el impacto que genera Frida destaca especialmente en un contexto preocupante: la soledad afecta aproximadamente a uno de cada cuatro mayores en Aragón, un fenómeno descrito como una “epidemia silenciosa”.
Lejos de tratarse de simples visitas, las sesiones están planificadas por profesionales y coordinadas con el equipo de la residencia. Los ejercicios incluyen actividades cognitivas, juegos de memoria y dinámicas de psicomotricidad que fomentan la participación activa de los mayores.
Los terapeutas explican que muchos residentes muestran mayor predisposición a realizar movimientos y ejercicios cuando interactúan con la perra, convirtiéndola en un estímulo motivacional que facilita la rehabilitación física y mental.
Las sesiones comienzan con caricias y contacto cercano, lo que favorece la interacción social y ayuda a recuperar habilidades emocionales que a menudo se pierden con el aislamiento. Posteriormente, los residentes participan en juegos de memoria, actividades grupales y ejercicios físicos adaptados.
Además de estimular las capacidades cognitivas, la terapia fomenta la comunicación y la convivencia entre usuarios, quienes comparten recuerdos y experiencias personales vinculadas a animales de su pasado.
El impacto de Frida se observa especialmente en personas con dificultades físicas o emocionales. Algunos residentes que apenas participan en terapias convencionales muestran una actitud más activa cuando interactúan con ella, llegando a sonreír, hablar o realizar movimientos que normalmente evitan.
Aunque los especialistas aclaran que estas intervenciones no sustituyen el apoyo familiar, sí generan una sensación de compañía y propósito que mejora la calidad de vida dentro de la residencia.
La historia de Frida también es un ejemplo de resiliencia. Rescatada en malas condiciones y con una pata amputada, fue adoptada y entrenada hasta convertirse en perra certificada de terapia asistida. Hoy, su pasado difícil contrasta con su presente: una vida dedicada a repartir afecto y motivación entre quienes más lo necesitan.

Susana Paredes Baeza says:
Frida está revolucionando una residencia de mayores en Zaragoza. Esta perra de intervención asistida no solo alegra el día: ayuda a combatir la soledad, mejora la movilidad y despierta recuerdos y emociones en los residentes. Un ejemplo precioso de cómo la terapia con animales puede transformar vidas. 🐶💛