
El pasado viernes 20 de febrero de 2026, el municipio almeriense de El Ejido fue escenario de un nuevo caso de vulneración del derecho de acceso de las personas usuarias de Perro Guía a establecimientos abiertos al público.
La persona afectada es Duarte Rocha, invidente y usuario de la Fundación ONCE del Perro Guía, quien denuncia a través de las redes sociales que se le impidió la entrada al establecimiento “Bazar Fanrong”, ubicado en Bulevar de El Ejido / N-340a, nº 390, cuando intentaba realizar compras de carnaval como cualquier otro cliente.
Rocha accedió al local acompañado de su Perro Guía, Nesquik, que se encontraba trabajando y portaba el arnés reglamentario con las inscripciones “Fundación ONCE del Perro Guía” y “Perro Guía”, claramente visibles.
Según relata, nada más cruzar la puerta, una empleada le comunicó que no podía pasar con el animal. En ese momento iba acompañado por otra persona ciega y por una persona con visión. Sin embargo, denuncia que la trabajadora se dirigía exclusivamente a la persona vidente, ignorándole a él pese a estar presente.
“Soy ciego, no sordo”, explica Rocha, quien califica la situación de humillante. Según su testimonio, la empleada llegó a proponer que él esperara en la calle mientras su acompañante entraba a comprar “lo que necesitara”.
El afectado y sus acompañantes informaron al personal del establecimiento de que los Perros Guía y perros de asistencia tienen reconocido por ley el derecho de acceso a espacios públicos y establecimientos abiertos al público. Incluso advirtieron de que, si persistía la negativa, se verían obligados a avisar a la policía.
Pese a ello, la empleada mantuvo inicialmente su postura. No fue hasta que otras trabajadoras intervinieron y comprendieron la situación cuando se permitió finalmente el acceso.
Para Rocha, lo sucedido no es un hecho aislado. “Esto es el día a día. Ir con miedo a entrar en un sitio por si te echan o te tratan como si no tuvieras voz”, lamenta.
Recuerda que un Perro Guía no es una mascota, sino una herramienta esencial de movilidad, seguridad y autonomía. Impedir su acceso supone, en la práctica, limitar derechos fundamentales y menoscabar la dignidad de la persona usuaria.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de mayor información y formación en materia de accesibilidad y derechos de las personas con discapacidad visual. El respeto al acceso de los Perros Guía no es una concesión voluntaria por parte de los comercios, sino una obligación legal.
Desde el ámbito de la discapacidad se insiste en que la normalización pasa por entender que la inclusión no es opcional. Cada incidente de este tipo evidencia que, pese a los avances normativos, aún persisten barreras sociales que requieren una respuesta clara: tolerancia cero frente a la discriminación.
