
El desplazamiento estival por carretera vuelve a poner sobre la mesa una asignatura pendiente en materia de prevención y prevención de accidentes: la protección de los animales de compañía a bordo de los vehículos. Según advierte la Real Sociedad Canina de España (RSCE) a partir de las conclusiones extraídas de un estudio conjunto elaborado por la Fundación RACE y Babyauto, el 75% de los conductores en España —es decir, tres de cada cuatro— transportan a sus perros de forma insegura en el coche.
Esta alarmante cifra sitúa a miles de familias en una posición de vulnerabilidad extrema ante eventuales frenazos bruscos o colisiones. Las causas fundamentales de este elevado porcentaje radican en dos factores principales: el empleo habitual de sistemas de retención inadecuados o defectuosos y la colocación del animal en zonas del vehículo que no reúnen las condiciones mínimas de seguridad vial. Sin embargo, detrás de este comportamiento no siempre existe una intencionalidad o imprudencia deliberada por parte del usuario, sino una profunda desinformación sustentada en el propio marco legal vigente.
El análisis del comportamiento de los usuarios evidencia que el desconocimiento sobre la normativa de transporte de perros en el coche es generalizado. Siete de cada diez conductores (el 69%) consideran que la legislación actual no resulta suficientemente clara o reconocen abiertamente tener dudas sustanciales a la hora de acondicionar el habitáculo para viajar con sus mascotas.
En términos pormenorizados, un 42% de los encuestados califica la legislación vigente como confusa e imprecisa, mientras que otro 27% admite no saber con exactitud de qué manera debe sujetar o colocar a su can para cumplir con las prescripciones legales. Esta laguna informativa cobra un cariz de máxima urgencia coincidiendo con las operaciones de tráfico de alta intensidad, como la tradicional «Operación Salida» del periodo estival, en la que se concentran millones de desplazamientos de largo recorrido.
A esta confusión contribuye notablemente un falso sentido de la seguridad. El 61% de los propietarios encuestados afirma con convicción que el dispositivo de retención de mascotas que utiliza en su día a día se encuentra homologado. No obstante, la RSCE subraya una paradoja legal decisiva: en la actualidad no existe en España una normativa específica ni un certificado técnico de homologación uniforme que determine o acredite oficialmente la seguridad real de estos sistemas frente a una colisión.
Resumen de datos clave del estudio (RSCE / RACE / Babyauto):
- 75% de los conductores: Transporta a su perro de forma insegura.
- 42% de los usuarios: Considera que la normativa legal es confusa y vaga.
- 27% de los usuarios: Reconoce no saber con exactitud cómo sujetar a su mascota.
- 61% de los dueños: Cree erróneamente estar utilizando un sistema homologado.
- 4% de los vehículos: Circula con la mascota totalmente suelta por el habitáculo.
La falta de concreción legal se traduce de forma directa en la adopción involuntaria o temeraria de conductas de altísimo riesgo en carretera. Un inquietante 4% de los conductores admite que continúa llevando a su perro completamente suelto en el interior del automóvil, sin ningún tipo de amarre, pretal o barrera separadora.
Desde el punto de vista de la física del impacto, la omisión de los sistemas de retención para mascotas entraña consecuencias potencialmente mortales. En una colisión o deceleración repentina a una velocidad de tan solo 50 kilómetros por hora, la inercia provoca que el cuerpo del animal salga despedido multiplicando su masa por treinta.
Así, un perro de tamaño medio que pese 20 kilos impactaría contra los asientos delanteros o el parabrisas con un peso relativo equivalente a 600 kilos (treinta veces su peso). Este fenómeno no solo destruye las posibilidades de supervivencia del propio animal, sino que convierte a la mascota en un proyectil letal que compromete gravemente la integridad física de la cabeza, cuello y tórax del resto de ocupantes del vehículo.
En el ordenamiento legal español, la regulación del traslado de animales de compañía se recoge de forma genérica en el Reglamento General de Circulación. La norma dicta la obligación del conductor de mantener en todo momento su propia libertad de movimientos, un campo de visión despejado y una atención permanente a la vía para garantizar la seguridad vial. Asimismo, estipula de forma explícita que los animales o cargas transportadas deben ser colocados de tal manera que resulte imposible cualquier tipo de interferencia con el manejo del vehículo.
El gran vacío regulatorio estriba en que el texto normativo no concreta ni especifica qué dispositivos de sujeción son obligatorios o cuáles garantizan técnicamente una sujeción adecuada (como arneses de doble enganche con cinto corto, rejas divisorias rígidas o transportines situados en el suelo del vehículo). Esa falta de detalle regulatorio genera un escenario permanente de indefensión e incertidumbre para los conductores.
A pesar de la ambigüedad en las especificaciones técnicas del equipamiento, la Dirección General de Tráfico y los agentes de la autoridad aplican un cuadro de penalizaciones económicas severas por no garantizar la adecuada estiba y retención de la mascota:
En palabras de José Miguel Doval, presidente de la Real Sociedad Canina de España (RSCE):
“La seguridad vial también pasa por proteger a los animales que viajan con nosotros. Una normativa más clara, acompañada de una mayor labor de información y de sanciones proporcionadas, ayudaría a reducir riesgos y evitar situaciones que todavía son demasiado habituales en nuestras carreteras”.
Ante la contundencia de los datos recabados, la RSCE insiste en la necesidad imperiosa de tipificar con precisión técnica qué dispositivos resultan seguros para cada tamaño de mascota, además de emprender campañas institucionales de concienciación pública. Proteger a las mascotas en los trayectos por carretera no solo es un imperativo ético de bienestar animal, sino un pilar insustituible para erradicar la mortalidad en la red vial.
